La pequeña luz que brilla en mi cuaderno
brilla, brilla y no deja de brillar.
Es ésa, la misma luz que me lleva hacia ti
con un remolino de sensaciones,
como el frío sonido del viento pasar,
Arrastrando sus hojas, secas, marchitas
con las mismas sensaciones de un corazón pasar.
La fotografía del cantante,
la luz de mi andar
como en enigmática, observo el abrir y cerrar dejando atrás
problemas, cuestiones y agua correr.
En un estanque, donde las olas son finitas
junto al vapor del mar. Donde el coraje del hombre no ha despertar.
Despertar del sueño, despertar en la vida real.
Pasear con las palabras que uno escribe sin cesar.
Cesar del alma, cesar al hablar, las palabras son del letrado, de nuestra biografía más personal.
Estuvimos tan atentos a poder resistir
pero nos perdimos en la muchedumbre, de nuestros corazones rugir.
No importa el desenvuelo de nuestras palabras
o el conflicto al pensar. Siempre habrá algo que despierte nuestra atención.
La profecía del cantante que aullaba sin cesar lo que alguna vez iba a pasar.
Profecía desconcertante, donde todas las miradas se encontraban, por primera vez.
Respiración, pulso y seducción. Tinta que nunca fue creada para impactar, hoy renace en aquellos tarareos al pasar.
Bendecir el piso con sustancias traídas desde el cuerpo, desde el más allá.
¿Acaso observaste el riñón? ¿ Acaso observaste el corazón?
Las fábulas existen más allá de la razón. Dónde es nutrida nuestra imaginación.
Nosotros podemos más, nosotros debemos más.
A la vida, que nos permite vivirla y a los seres que se esconden por detrás.
Escribir en la piel, la dulce perdura, y el veneno recorre dentro de nuestra piel, para nunca acabar.
Los principios están perdidos y las paredes volarán con el mar de fondo que la luz no perdonará...
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